Hoy vivimos la imagen a partir de estéticas efímeras, que se encienden y evaporan, que fluyen a un ritmo marcado por los consumidores. Dentro de ellas el error no es un fracaso, es condición y oportunidad.

En el mundo digital se llama glitch al error repentino que no afecta el rendimiento pero es visualmente evidente. Una característica imprevista a la que deben adecuarse los usuarios.

El mundo de la moda y el arte digital, han retomado la estética de los glitch que habitaban la década de los noventa, dando origen al #glitchart y al #vaporwave.

Representan la forma en que nuestro tiempo valora las posibilidades creativas del accidente, en que nos adecuamos a lo visualmente imprevisto,

al fail sin failure.

El graffiti y otras expresiones de arte urbano, ejercen la creatividad en medio del caos citadino. Saben (deben) adaptarse a las condiciones del medio, a la rispidez del muro, a la pintura que escurre, a la policía que persigue, a la merma que produce la intemperie y que se incorpora a la obra. Son, en sí mismos, glitch urbano, visualidad que nos descoloca y se descoloca en su relación con la metrópoli y sus habitantes.

Al abrir un espacio en el museo para este tipo de expresiones visuales, se privilegia el lenguaje cotidiano de la imagen y la reflexión sobre sus significados, usos y las formas en que se cruzan discurso, arte, ciudad, diseño, moda y mundo digital.

Curaduría: Samantha Urdapilleta, Melissa Valenzuela y Xavier Aguirre.