Todo por ver

No es una antología de la fotografía mexicana, no pretende ser un recuento ni una conclusión sobre la producción de imágenes fotográficas en este siglo, más bien es un conjunto de ideas que antes que dar respuestas o certezas plantea preguntas sobre qué es la fotografía mexicana actual.

Los curadores, Francisco Mata y Gerardo Montiel Klint, nos proponen una serie de imágenes aparentemente inconexas que nos obligan a reflexionar sobre esta pregunta sin solución, dado que no hay una fotografía mexicana, hay muchas y todas están en redefinición y construcción, más que una propuesta curatorial es una invitación a confrontar las distintas miradas, establecer conexiones, generar cuestionamientos  y diálogos.


El estado de las cosas

Diversas interpretaciones, reacciones y posturas ante el clima de violencia que se vive en el país. Esto no es pornografía de la muerte ni una fosa común. Tampoco es una denuncia más. El Estado de las cosas busca combatir la indiferencia de la gente. La exposición zamarrea porque está dedicado a los miles que han matado o han desaparecido durante estos años en los que ha arreciado la impunidad.


Witkin and Witkin

Ésta es la primera exposición que presenta en un museo más de cien obras de los gemelos Witkin, Joel-Peter y Jerome. Muchas de estas piezas son exhibidas por primera vez.

Witkin & Witkin reúne la obra artística de los hermanos gemelos Joel-Peter Witkin, fotógrafo y Jerome Witkin, pintor. La muestra abarca 50 años de producción artística que representan ambas carreras independientes explorando su propia visión humanística, pero que vistas de manera conjunta crean un diálogo visual que se intersecta, para luego tomar una dirección única e individual.

Jerome y Joel-Peter Witkin son ambos narradores que trabajan con la estructura formal de un escenario para contar sus relatos. Su arte captura eventos tanto imaginados como reales, así como aquellos arrancados del drama de nuestra memoria colectiva. Inspirados en la historia visual de la iconografía religiosa y mitológica, y en la historia del arte occidental, las influencias en sus obras son tan diversas como Goya, Grunewald, Beckmann, Sander y Arbus.

Las fotografías de Joel-Peter Witkin deleitan en inmenso detalle con capas de historia visual. En ellas, cada gesto e intención de los modelos produce una combinación perfecta, y después las trabaja con pintura, cera y marcas haciendo cada fotografía única. Los largos lienzos de Jerome Witkin presentan escenas de proporciones épicas, que se relacionan con eventos de nuestros tiempos de crisis, drama y emoción humana. Es uno de los mejores pintores realistas en la actualidad. De forma independiente, cada uno de ellos aporta a su práctica una complejidad de referencias de la historia del arte que están intrínsecamente ligadas a su propio trabajo.

Hay muchos aspectos que distinguen a un Wiktin del otro: el medio plástico, las dimensiones y los temas; no obstante, su arte comparte un sentido común en la narración, incluso teatral, abordando temas de trasgresión y tragedia, pero carentes de sentimentalismo. Ambos escogen temas tanto épicos como modestos; temáticas y personajes pertinentes a nuestra modernidad, mostrando la condición humana con compasión por el sufrimiento personal, tanto físico como emocional, y tratando momentos de nuestra historia compartida, desde la esclavitud hasta el Holocausto, desde Guernica hasta el 9/11 en Estados Unidos. Eventos que se reflejan en las pinturas de Jerome Witkin, en donde el drama se intensifica por el realismo de su poderosa mirada, aunque con un sentido [o con una sensación] de esperanza que afirma la vida.

Los gemelos Witkin se criaron y han vivido casi toda su vida en Estados Unidos. A pesar de esto, sus obras no parecen estar arraigadas a una estética “norteamericana”, tal vez debido a su propia historia como hijos de inmigrantes, lo que explica en parte, su otredad, su “no pertenencia”. Sus obras resuenan en un contexto visual y cultural de una sensibilidad mexicana: cuando las vemos aquí no se sienten tan ajenas o “extrañas”.

Las piezas de Joel-Peter y Jerome Witkin sobresalen; son un desafío visual creado por verdaderos maestros en su medio plástico. A medida que nos compenetramos con sus imágenes, recordamos nuestro propio humanismo y empatía vistos a través de sus polémicos pero extraordinarios ojos.

Curadora: Trisha Ziff


Enrique Metinides

A los 83 años de edad, Enrique Metinides continúa creando nuevas obras. Conocido por su trabajo como fotógrafo de Nota Roja, sus imágenes fueron publicadas por más de 30 años principalmente en el periódico La Prensa, esta exposición de más de 120 obras incluye un número significativo de fotografías que por primera vez se muestran al público. La exhibición incluye clips de vídeo creados por Metinides, así como una selección de juguetes de su vasta colección (que comenzó hace más de 40 años) e incluso su primera cámara y credenciales de prensa.

Trisha Ziff ha trabajado con Metinides durante más de una década. En 2011 hubo una gran exposición de su obra en el Festival de Fotografía de Arles, Francia. En 2012 colaboró con ella en 101 Tragedias de Enrique Metinides, exposición y libro en colaboración con Aperture, Nueva York. En 2015 dirigió el documental: El hombre que vio demasiado y produjo esta exhibición en colaboración con Isabel del Río.


POSE

Si quieres vivir en México haciendo fotografía de moda para editorial, acabarás haciendo ‘vainilla’:  Imágenes nítidas de modelos caucásicos, ricos y felices en una lancha, en la playa, en ‘la Condesa’, en un imaginario limitado como de telenovela. Existe un ‘adoctrinamiento’ que dicta que esas imágenes son lo que el público, los medios y las marcas quieren.

En el amplio mundo fotográfico, la fotografía de moda es la que ha roto esquemas y ha expandido las fronteras de la imagen. En otros siglos, la pintura por medio del retrato, abusaba de ‘la pose’ como el medio para exhibir la grandeza de los personajes y subrayar el rostro de la belleza desafiando al tiempo.

La fotografía de moda no pretende tener el criterio de verdad del documentalismo,

ni la profundidad psicológica de la fotografía construida. Es por esto que resulta más lúdica, ligera y experimental, es el laboratorio de nuevas definiciones del género y el espejo del cambio social. En ella los motivos son la belleza, el estilo y la esencia de la moda. Ahora, en el ocaso del editorial impreso, este tipo de fotografía es tan libre como su manifestación instagramera y capaz de convocar a un público que likea sin parar, compartiéndola y haciéndola suya.

Esta exposición no define territorios, muestra una fotografía de moda en México hoy: consciente de lo que pasa afuera y que sale de los terrenos manoseados de un mundo ‘editorial-moda’ demasiado conservador. Una foto sexy, que en atisbos intuye otros tipos de belleza y juega un poco con géneros e identidades pero tiene la importancia del AHORA. Algunos de estos autores son la punta de lanza de la creatividad desde México para el mundo, han lanzado revistas independientes, desarrollan proyectos fuera del circuito del gran arte que renuevan los lenguajes de la imagen desde una perspectiva juvenil.

La manera en la que conocemos vestidos y marcas siempre es a través de la foto. Nuestra moda –la moda mexicana- está en eterna construcción. Y estas fotografías multiplican la promesa de un trinomio moda-editorial-imagen que busca consolidación. Traen aire fresco a la fotografía desde otro punto de vista y a su vez sólo aquellos fotógrafos que escapen de las imágenes soft de los medios convencionales, serán los que puedan retar al tiempo y convertirse en nombres legendarios. Serán parte de un imaginario mayor, en el que como siempre van de la mano foto y vestido, provocando sueños y aspiraciones en la imaginación del espectador.

Curaduría: Gustavo Prado y Melissa Valenzuela


Vapor

Hoy vivimos la imagen a partir de estéticas efímeras, que se encienden y evaporan, que fluyen a un ritmo marcado por los consumidores. Dentro de ellas el error no es un fracaso, es condición y oportunidad.

En el mundo digital se llama glitch al error repentino que no afecta el rendimiento pero es visualmente evidente. Una característica imprevista a la que deben adecuarse los usuarios.

El mundo de la moda y el arte digital, han retomado la estética de los glitch que habitaban la década de los noventa, dando origen al #glitchart y al #vaporwave.

Representan la forma en que nuestro tiempo valora las posibilidades creativas del accidente, en que nos adecuamos a lo visualmente imprevisto,

al fail sin failure.

El graffiti y otras expresiones de arte urbano, ejercen la creatividad en medio del caos citadino. Saben (deben) adaptarse a las condiciones del medio, a la rispidez del muro, a la pintura que escurre, a la policía que persigue, a la merma que produce la intemperie y que se incorpora a la obra. Son, en sí mismos, glitch urbano, visualidad que nos descoloca y se descoloca en su relación con la metrópoli y sus habitantes.

Al abrir un espacio en el museo para este tipo de expresiones visuales, se privilegia el lenguaje cotidiano de la imagen y la reflexión sobre sus significados, usos y las formas en que se cruzan discurso, arte, ciudad, diseño, moda y mundo digital.

Curaduría: Samantha Urdapilleta, Melissa Valenzuela y Xavier Aguirre.


Roger Ballen

Roger Ballen es uno de los artistas de la fotografía más importantes e influyentes del siglo XXI, su trabajo se extiende por casi 40 años. Sus imágenes son extremas y fuera de lo común, confrontan a quien las mira y lo reta a unirse a Ballen en el viaje de explorar lo más profundo de sus mentes.

Roger Ballen nació en Nueva York en 1950, pero ha vivido en Sudáfrica por más de 30 años. Su trabajo como geólogo lo llevó hacia el campo y con su cámara comenzó a explorar el mundo de los pequeños pueblos de Sudáfrica. Al principio, recorrió las calles desiertas bajo el destello del sol de medio día, pero después dio el paso para acercarse a las personas, tocó la puerta de sus casas y descubrió un mundo que transformó por completo la visión de su trabajo. Estos interiores, con sus particulares colecciones de objetos y habitantes, forjaron su producción fotográfica hacia un camino que fue de la crítica social a la creación de metáforas que sacuden la mente. Después de 1994, ya no buscó a los sujetos de sus fotografías en el campo, sino cerca del lugar donde el vive, en Johannesburgo.

A lo largo de los años, su estilo fotográfico se ha desarrollado usando el formato cuadrado en blanco y negro. En sus primeros trabajos, es notoria su conexión con la fotografía documental, la cual se transformó y en los años noventa desarrolló un estilo que él ha llamado “ficción documental”. Después del 2000, las personas que él conoció en las periferias de Sudáfrica, y que vemos en sus fotografías, colaboraron como un reparto de actores y crearon poderosos psicodramas que dieron lugar a la serie Outland  y Shadow Chamber.

En sus series Boarding House y Asylum of the Birds (publicadas por Thames and Hudson en la primavera de 2014) la línea entre la realidad y la fantasía se diluye e incorpora dibujo, pintura, collage y escultura, para crear escenarios muy elaborados. A menudo las personas están completamente ausentes en sus fotografías y en su lugar aparecen variados objetos de utilería, imágenes de sujetos y partes de maniquíes; o modelos reales de los que sólo vemos algunas parte de sus cuerpos: pies y bocas asomándose perturbadoramente a través de paredes o trozos de tela. Los escenarios, usualmente improvisados, se completan en las tomas por las conductas impredecibles de los animales que se encuentran en las habitaciones, sus comportamientos ambiguos son cruciales para el resultado final de las imágenes. Ballen ha creado un nuevo híbrido estético en estos trabajos anclado fuertemente en la fotografía en blanco y negro.

Esta retrospectiva abarca tres décadas de trabajo, culminado en los siguientes libros: Dorps. Small Towns of South Africa, 1986; Platteland, Images from Rural South Africa, 1994; Outland, 2000; Shadow Chamber, 2005; Boarding House, 2009; Asylum of the Birds, 2014 and Theatre of Apparitions, septiembre 2016.

Además, la exposición incluirá algunos videos de Roger Ballen, particularmente I Fink U Freeky, que ha tenido más de 80 millones de vistas en YouTube, Asylum of the Birds, Theatre of the Mind y Outland.

Curaduría Rodrigo Campuzano

Agradecemos al Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo por su apoyo


Björk Digital

En Björk Digital vivirás una experiencia inmersiva de realidad virtual (VR) en la que podrás explorar la propuesta de esta artista que experimenta con las más actuales tendencias de la imagen.

Esta exhibición ha estado presente en Tokio, Sydney, Montreal, Reykjavík y Londres y a México llega la muestra más completa que se ha presentado en todo el mundo. Mientras en otros lugares han podido disfrutar de sólo algunas de las experiencias, en el Foto Museo Cuatro Caminos las tendremos todas: 8 salas completas en las que encontrarás ‘Stonemilker VR’, ‘Black Lake’, ‘Quicksand VR’, ‘Mouth Mantra VR’, ‘Family VR’ y ‘Notget VR’.

También se presentará en las salas del museo una retrospectiva de los videos musicales remasterizados de Björk que dirigieron artistas como Michel Gondry, Spike Jonze, Alexander McQueen y otros. Además, contaremos con The Biophilia room, un espacio educativo en el que podrás interactuar con las innovadoras apps concebidas por Björk, así como instrumentos hechos a la medida, lo que hará que vivas una experiencia completa de su propuesta artística.


Las Fabulosas

La historia de la fotografía se revisa una y otra vez, pero siempre bajo criterios específicos de lo histórico y lo serio, obviando lo que parece intrascendente. Bajo esos principios se decide qué preservar en los acervos de fototecas y hemerotecas, qué guardar para la construcción de la memoria colectiva, pero un gigantesco cúmulo de imágenes que en su momento fueron de consumo popular, que unieron el entretenimiento con el erotismo y la sensualidad de un grupo de mujeres en específico, quedan de soslayo por esa visión patriarcal.

Las fabulosas, importantes vedettes de la época de los años 70 y 80, fueron personajes que desde el escenario del teatro y del cabaret, la pantalla chica y el séptimo arte en su versión más patibularia, construyeron otra imagen de lo femenino, del cuerpo y la sexualidad de la mujer en un México de telenovela, en medio de crisis económicas, acostumbrado a la guanga diversión televisada de la época. Todo esto en paralelo a la creciente ola de movimientos de liberación femenina que buscaban legitimidad e igualdad de derechos.

¿Cuántos millones de veces fue necesario que circularan los nombres Lyn May, Sasha Montenegro, Princesa Lea, Wanda Seux, Rossy Mendoza, Olga Breeskin o Princesa Yamal para volverse parte del lenguaje y del imaginario colectivo? ¿Qué tanto permeó “la noche mexicana” en la sociedad actual? ¿Por qué un cine hecho con tan bajos recursos ha tenido tanto eco para retratar la urbe y a sus habitantes?

Hoy estas imágenes se perciben con la misma nostalgia que las rumberas del cine de oro mexicano provocaron en autores como Carlos Monsiváis, porque nos muestran una Ciudad de México que se desdibujó después del sismo de 1985.

La investigación de María José Cuevas para realizar el documental Bellas de Noche son los materiales, la colección de prensa y la reunión de imágenes de: Jesús Magaña, Antonio Caballero, Paulina Lavista, Juan Ponce, el Archivo Cinematográfico de Permanencia Voluntaria, IMCINE y el Fondo Hermanos Mayo del AGN; en suma, el eje de esta muestra fotográfica que rememora toda una época y a sus divas.

En las curvas sinuosas de estas vedettes se dibuja una historia de la Ciudad de México y de cómo hemos cambiado.

Investigación y Archivo María José Cuevas

Curaduría Melissa Valenzuela / Gustavo Prado / Samantha Urdapilleta


Ícaro

El mundo contemporáneo está descubriendo el paisaje a través de la mirada aérea del drone, la perspectiva ha cambiado, el realizar imágenes pasó de ser un ejercicio introspectivo -lo que pasa adentro, lo que yo veo a través del obturador- a lo que ve mi ojo allá, fuera de mí, en el cielo.

La exhibición hace un recorrido por imágenes tomadas desde el aire en los globos aerostáticos del siglo XVIII hasta el uso tecnológico de naves no tripuladas -drones- del siglo XXI y de la imagen satelital. Explora la visión desde el cielo, una perspectiva que ha creado distintas formas de ver y hacer fotografía.

Conocer el territorio ha sido uno de los grandes temas de la foto aérea, no sólo se usa para hacer tomas de la ciudades sino también para la arqueología. Todos estos cambios urbanos en México fueron registrados por la Compañía Mexicana de Aerofoto, acervo que resguarda ICA y que prestó para esta exhibición.

Los fotógrafos que participan en esta muestra colectiva son:

  • Santiago Arau Pontones, con vistas de ciudad que parecen hormigueros y que le han conseguido 14,800 seguidores en Instagram.

  • Francisco Laresgoiti, director de ‘México 2033’ la primera película de ciencia ficción en México, y que a partir de esas posibilidades futuristas se convirtió en fotógrafo de drones.

  • Federico Pardo, fotógrafo que trabaja temas sociales, culturales y ambientales, y que además experimenta el retrato desde esta perspectiva.

  • Javier Hinojosa, quien tiene un extenso trabajo autoral de arqueología, ecología y visión de la naturaleza.

  • Pablo López Luz, es uno de los más reconocidos fotógrafos paisajistas jóvenes que ha incursionado en el arte contemporáneo con su obra de paisaje y tomas aéreas.

  • Marco Pacheco, pionero en la tecnología del drone en México y ha dedicado buena parte de los últimos años a explorar estos y otros nuevos dispositivos digitales.

  • Adam Wiseman, quien fusiona el documentalismo y la imagen publicitaria para construir un lenguaje propio que experimenta con nuevos usos de la imagen desde el aire.

  • Francisco Mata Rosas, explorando algoritmos que parten de las tomas satelitales y llevan la imagen a la tridimensionalidad.

  • Josh Begley con su pieza ‘Field of Vision – Best of Luck with the Wall’ que hace un recorrido virtual por toda la línea fronteriza de México y Estados Unidos. Este video está teniendo un impacto fuerte en las redes por el contexto político actual, en el que la pieza dialoga con los usos de las tecnologías visuales y las narrativas contemporáneas.

Curaduría

Gustavo Prado

Melissa Valenzuela

Samantha Urdapilleta